EL VINO Y LA MADERA

EL VINO Y LA MADERA

27/02/2021 Admin

Aunque nos pueda parecer una técnica relativamente moderna, lo cierto es que, el uso de la madera en la elaboración, el transporte y el almacenaje del vino, es anterior a la expansión del Imperio Romano. Fueron precisamente ellos los que se encargaron de generalizar tal práctica a lo largo de toda la cuenca mediterránea, al comprobar que este tipo de envase les ofrecía mayores ventajas que las vasijas y ánforas.

En un principio, con la finalidad de únicamente contener el vino para su transporte y conservación, se empleó la madera procedente de los bosques más cercanos a las tonelerías, dando lugar a toneles de las más diversas maderas: roble, acacia, castaño, pino, fresno, etc. Hoy en día, sin embargo, lo que se busca con el empleo de la madera es una microoxigenación controlada con el fin de dar redondez y estabilidad al vino.

Mucho tiempo después, ya en el siglo XVI, fue cuando se generalizó el uso de la madera de roble para el transporte del vino con el aumento del comercio entre Francia e Inglaterra.

Con el paso del tiempo se han ido diferenciando mayoritariamente dos tipos de barricas según la procedencia de sus duelas, o listones de madera que forman el cuerpo de la barrica: las de roble francés, procedentes de las regiones de Allier, Limousin o Nevers y las de roble americano procedentes de Missouri, Ohio o Kentucky. No obstante existen otras regiones del mundo donde, aunque de forma muy minoritaria, también se producen barricas de roble con maderas de sus bosques , como es el caso del norte de España o de Hungría.

Centrándonos en los dos tipos más empleados, vamos a comentar las características de cada una de ellas.

 La principal diferencia es la estructura de la madera. En el caso del roble americano, se trata de un tipo de madera más densa y que presenta menos poros pero de mayor tamaño que la francesa. Debido a esta estructura, el aprovechamiento maderero del roble americano es muy superior al francés, con lo que se abarata considerablemente el producto.

-Roble francés: Se caracteriza por cesión más lenta y equilibrada de sus aromas. Los taninos que aporta son más dulces y con una menor astringencia. Este tipo de madera da al vino aromas a vainilla, balsámicos, miel o frutos secos entre otros. Debido a su relación de porosidad, de estas barricas se obtienen vinos más elegantes y sutiles.

-Roble americano: Al tener un poro de mayor tamaño, tanto la oxigenación como la cesión de atributos se produce de manera más rápida. Con este tipo de barricas se pueden hacer crianzas más cortas.

Este tipo de barricas aportan al vino taninos algo más ásperos que la de roble francés, sin embargo, aporta una mayor cantidad de componentes aromáticos, entre los cuales identificamos aromas a cacao, café, torrefactos, coco o ahumados.

Otra característica de cualquier barrica es el tipo de tostado al que se la somete. Este puede ser ligero, medio o fuerte, lo que aportará al vino unos aromas u otros:

-Si el tostado es ligero la madera tendrá gran protagonismo.

-Con un tostado medio se potencian aromas de clavo, café almendra o vainilla.

-Y si optamos por un tostado fuerte, es más probable que en el vino encontremos aromas de coco o tostados.

Con cualquier tipo de barrica se pueden obtener vinos excelentes, es solo cuestión de saber que vinos estamos metiendo y qué tipo de madera les va a ir mejor, decisión que deberá tomar el enólogo en función del producto que quiera conseguir.

Antonio A. Salcedo Barreda. IT Agrícola y Master en Enología y Viticultura por la UPM.

 


Imagenes:




Noticias relacionadas