LAS EDADES DEL VINO

LAS EDADES DEL VINO

15/01/2019 Admin

Si tienes entre 18 y 40 años no puedes beber vino, porque el vino es una bebida para gente madura, con una cierta cultura y con un buen poder adquisitivo.

Una vez dicha esta barbaridad, por no decir otra cosa, espero haber captado tu atención y voy a intentar desmontar por completo estos tópicos, que lo único que hacen es poner puertas a la posibilidad de disfrutar con amigos o en solitario de este maravilloso alimento de la dieta mediterránea.

Cuantas veces al llegar a un restaurante para comer o cenar, cuando el camarero nos hace la pregunta:

-¿Qué van a beber?.

Miramos al suelo a ver si alguien contesta primero y acabamos pidiendo lo más fácil.

Es cierto que el vino, se presta mucho a teatralizar el simple acto de tomarse una copa. Todos hemos oído decir aquello de:

-Es un vino limpio, de capa alta, de color burdeos con ribetes teja, en nariz aparecen aromas de fruta madura, compota y tostados con mezcla de bla,bla,bla.

Un sinfín de epítetos que solo consigue asustar a aquel que no es capaz de mencionar veinte adjetivos para definir algo que podría resumirse en  "me gusta o no me gusta".

Con esto, obviamente, no quiero decir que se eliminen las catas de vino y que todo aquel que sea capaz de descubrir la cantidad de aromas y colores que puede contener una copa de vino sea un pedante. Al revés, las considero necesarias e imprescindibles, pero cada cosa en su lugar y en su momento.

De hecho, con su consumo habitual, siempre moderado, y un poquito de formación básica, hasta el más inexperto de los consumidores, puede llegar a distinguir y apreciar todos los matices que hasta el más humilde de los vinos nos muestra.

Lo primero que hemos de hacer es eliminar los tabús que existen, animarnos a pedirlo y,  sobretodo, no examinarlo tras probarlo, preguntándonos si huele a tal o si es suave, sedoso y aterciopelado.

Para ello vamos a ir poco a poco, disfrutando del momento, de la felicidad que aporta el descorchar una botella y tomarla con amigos, en casa viendo una peli o leyendo un libro. Ya tendremos tiempo de ir aprendiendo a sacarle todo su potencial a una copa de vino.

Tenemos la mala costumbre de pensar que el vino más caro es el mejor. Pues bien, como en todas las cosas de la vida, unas veces sí y otras no. Todo depende de los gustos personales y del contexto en el que se está bebiendo.

En esta ocasión, voy a comentar algunos aspectos sobre las edades de los vinos, es decir, del tiempo que pasa desde que se elabora, hasta que se consume y del modo en que se conserva hasta entonces. Empezaré describiéndoles las características de los vinos jóvenes o de cosechero, que suelen ser los de menor precio, los vinos crianza, los reserva y por último los gran reserva, que suelen ser los vinos de precio más alto.

En primer lugar, debemos saber que, la calificación de cada vino depende de los Consejo Reguladores de cada denominación de origen, si bien es verdad que, en la mayoría de ellos, coinciden bastante los plazos de crianza. En nuestro caso, por tener una referencia, vamos a tomar como ejemplo los plazos que marca el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de La Mancha.

Los vinos jóvenes, según dicho Consejo Regulador, son aquellos que se ponen a la venta una vez terminada su elaboración, lo que conlleva un menor tiempo inmovilizado en la bodega y que su conservación se pueda realizar en depósitos o embotellado hasta su venta. Su consumo óptimo se recomienda que sea a lo largo del año, siendo preferible que los blancos no sobrepasen la campaña en la que se han elaborado, en los tintos se puede prologar un poco este periodo.

Se caracterizan por ser unos vinos con gran expresión aromática, sobre todo de los caracteres primarios, es decir, aquellos característicos de la variedad, del suelo y de la climatología ocurrida durante el ciclo de cultivo de la uva. Suelen predominar los aromas frutales, florales y minerales. Como norma, estos vinos son un poquito más ásperos que los siguientes.

Antes de llegar a los vinos de crianza, existen dos calificaciones intermedias, que son, los vinos de elaboración tradicional y los vinos con envejecimiento en barrica. Estos dos tipos mezclan características de los vinos jóvenes y los de crianza.

 

Los vinos de crianza son aquellos que presentan dos años de envejecimiento natural, de los cuales, al menos seis meses los han pasado en barrica de roble, generalmente de tipo bordelesa, es decir, de 225 litros de capacidad.

Estos vinos presentan un color que va desde cereza hasta tener ligeros matices teja. Respecto a la carga aromática, los aromas primarios disminuyen en favor de los secundarios y terciarios, que son los propios de la fermentación y de la crianza respectivamente. Se pueden apreciar aromas lácteos, de caramelo, tostados o de vainilla entre otros. Todo ello dependerá del tipo  de madera que se haya elegido en la barrica y de su nivel de tostado.

Los vinos de reserva deben pasar al menos doce meses en barrica y el resto del tiempo hasta completar los tres años en botella. Estos presentan una mayor complejidad que los anteriores, ya no son tan agresivos como los jóvenes, es decir, se han redondeado debido a su paso por la madera, han disminuido su astringencia.

Presentan un color más evolucionado que los jóvenes y los crianzas, puede ir desde el cereza pálido hasta el rojo teja. Respecto al componente aromático, decir que, es muy difícil encontrar aromas primarios, por no decir casi imposible, sin embargo aparecen una nueva gama de aromas que pueden ser balsámicos, químicos, tostados, caramelos y avainillados. Estos vinos suelen ser más untuosos y dejan una sensación de suavidad mayor que los jóvenes y los de crianza tras su paso por la garganta.

Por último comentaremos los gran reserva. Estos vinos presentan un envejecimiento natural de cinco años, de los cuales, al menos dieciocho meses los deberán pasar en barricas de roble.

Su color está muy evolucionado, por lo que no deberíamos encontrar grandes reservas con colores violáceos, es decir, deben ir desde el rojo cereza evolucionado hasta el teja anaranjado. Respecto a la carga aromática podemos decir que son unos vinos tremendamente complejos, en los cuales, todos sus componentes deben estar muy bien integrados y no debe predominar ninguno en exceso sobre los demás, con el fin de que todos ellos se sumen y ofrezcan un bouquet óptimo. Son vinos redondos, suaves y untuosos.

Pues bien, una vez comentadas las características más principales de cada tipo de vino, ya solo falta que cada uno decida cuál es el que más le gusta y lo disfrute en buena compañía.

Y recuerden, el mejor vino no es el más caro, sino el que más les guste.

 

Antonio A. Salcedo Barreda. IT Agrícola y Master en Enología y Viticultura por la UPM.



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